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Promesa Cumplida

Un dia volvió Azora de un paseo, muy enojada y profiriendo grandes exclamaciones.

- ¿Qué teneis, querida esposa —le dijo Zadig—, que es lo que ha podido poneros asi fuera de vos?

¡ Ay! -respondió ella—, os pasaría lo mismo si hubieseis visto el espectáculo del cual acabo de ser testigo. He ido a consolar a la joven viuda Cosru, que acaba de, elevar hace sólo dos dias, un monumento funerario en memoria de su joven esposo, cerca del arroyo que bordea este prado. Prometió a los dioses, en su dolor, permanecer al lado de la tumba mientras por allí corriese el agua
del arroyo.

Y bien –comentó Zadig—, he ahi una mujer estimable y que amaba realmente a su marido.

–¡Ah -prosiguió Azora—, si supieseis en que estaba ocupada cuando fui a visitarla!

- ¿En qué, bella Azora?

Estaba desviando el curso del arroyo.