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Beauty Parlor

Entró muy decidida, moviendo graciosamente las caderas. Sombrero de ala ancha y lentes oscuros. Aguardó malévolamente su turno; disimulando su ansiedad fingió leer. Al fin, la peinadora vino y la invitó a sentarse. Se quitó el sombrero con gran ostentación. su cabellera de un fascinante brillo metálico se alborotó.
—Corte de pelo a la Mia Farrow —dijo esperando ver caer fulminadas a la peinadora y a todas esas viejas cretinas. Pero grande fue su sorpresa cuando le empezaron a cortar las serpientes. Súbitamente miró que cerca de ella, la esfinge de Tebas se daba manicuro y pedicure. Ya no soportó más, se quitó los lentes lanzando imprecaciones.
Pero, oh fatalidad, el salón de belleza estaba lleno de espejos. . . y la pobre Medusa quedó petrificada.

Leído en el Libro de la Imaginación de Edmundo Valadés, original de Tomás Espinosa.