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La Última de las Mil Noches y Una Noche

Cuando Scheherazada concluyó su postrer relato, inclinó la frente hasta la espesa alfombra, y dijo:” Dueño mío, ahora os ruego que me perdonéis la vida si os he entretenido durante todo este tiempo.’
Schariar no respondió. Por eso, ella osó levantar la mirada, y frente a sí sólo vio un monigote vestido del Sultán, casi pulverizado por la polilla.

Leído en el Libro de la Imaginación de Edmundo Valadés, original de José Barrales.